Mujeres culpables
Por nuestra culpa, por vestirnos como no debemos, por salir adonde no debemos, por ser confiadas, por ser – en suma – mujeres, tenemos la culpa de que nos ocurran cosas que a mujeres que se visten como se debe, salen adonde deben, no les ocurre.
La solución para que no nos violen es muy simple: vestir burka, salir siempre acompañadas y sólo en horarios diurnos; porque con estas actitudes estamos violentando a los pobrecitos varones; quienes quedan sujetos a nuestras provocaciones, lo que como bien sabemos implica que ellos deben responder a su naturaleza, esa naturaleza que los impele a sus instintos.
Así puesta la cuestión, por lo tanto, mujeres salteñas y las que visitan la provincia, quedan informadas: la violencia de género no se debe al machismo, no se trata de varones que se creen con derecho a apropiarse de nosotras, de nuestros cuerpos; la culpa es nuestra por provocarlos.
Estas afirmaciones que parecen circular por la cabeza de algunos exponentes de la muy noble y leal ciudad de Salta, son un insulto para varones y mujeres, salteños nativos o por opción, turistas y visitantes de un día. Son un agravio para los varones por ponerlos en el lugar de los que sólo pueden delinquir, es suponer que todos los varones son violadores, abusadores, machistas y misóginos; reduce a los varones a seres irracionales e incapaces.
Es también ofensivo con las mujeres, pues nos niega la entidad como personas; y nos pone en el lugar de incapaces, mentirosas, poco menos que imbéciles. Nos pone en el lugar de culpables y no de víctimas y de protagonistas en la difícil pero imprescindible tarea de erradicar el machismo y su consecuencia nefasta: la violencia de género.
Es inadmisible confundir credulidad con delito; ser crédula no es un delito, ser violador sí lo es.
La exageración es, a veces, un modo de canalizar la bronca, la decepción, la angustia, la frustración. El humor nos hace humanas y humanos, y quizás, se necesario aclarar que las mujeres somos humanas y que – como tales – tenemos derechos humanos, pues estos son para todas y todos.
De lo contrario, a las mujeres no nos quedará más que repetir “por nuestra culpa, por nuestra gran culpa”
Antonella Contrera
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